Desde la fundación (o re-fundación) de nuestra Asociación en el año 2011 uno de los pilares fundamentales de discusión y propuestas ha sido el tema de la participación, la democracia universitaria y la triestamentalidad. Todos estos conceptos asociados indisolublemente con la necesidad de completa transparencia en la gestión universitaria a todos sus niveles.

Hemos reafirmado y creemos en el rol público de la Universidad de Concepción (refrendado en la ley 6755 del 1940 que explicita que todos los funcionarios de la UdeC deben ser reconocidos en los “beneficios que otorga la Caja Nacional de Empleados Públicos y Periodistas”) y tenemos la convicción de que ese fin público no se contrapone al carácter de corporación de derecho privado con que la institución fue creada de manera (casi) obligada, dadas las circunstancias de la época. Defendemos el derecho de esta universidad a recibir aportes significativos desde el Estado dada su historia, importancia territorial, formación de profesionales altamente capacitados, calidad de la investigación realizada, su aporte al país y, por sobre todo, la situación socioeconómica del alumnado que pasa por nuestras aulas.

Sin embargo, tenemos la certeza que estos derechos deben ir aparejados de deberes que las universidades públicas deben cumplir, ya sean éstas propiedad del Estado o la comunidad. Uno de estos deberes primordiales es asegurar un funcionamiento plenamente democrático con participación de todos los estamentos, en donde el recambio de autoridades y la contraposición de ideas sea la norma que rija el devenir del gobierno universitario. En ese sentido, la práctica democrática triestamental permitirá la adecuación de la estructura universitaria a un funcionamiento orgánico que se ajuste y adapte a los requerimientos de la sociedad en su conjunto.

La participación de los estamentos que actualmente no figuran en la toma de decisiones será fundamental, no tan solo para restaurar la dignidad que se merece todo trabajador y estudiante, si no que para asegurar una dinámica de recambio de autoridades y de evaluación de las políticas universitarias que se ejecutan, resguardando que éstas estén en sintonía con las necesidades de la comunidad regional y nacional. Confiamos en la fuerza movilizadora de los estudiantes y en la visión integradora y responsable de los trabajadores y trabajadoras universitarios, condiciones que permitirán lograr los objetivos que en conjunto debemos definir para la universidad que queremos a futuro.

Esta visión parte de la base de considerar con igualdad a todos los trabajadores universitarios, ya sean docentes o no docentes. Creemos que debe existir equidad en las políticas de salarios y carrera funcionaria, resguardando la correcta retribución en relación a los años de servicio y la labor desempeñada. Esta posición podría ser reafirmada y tener relevancia si es que los trabajadores no docentes tienen una adecuada representación porcentual en un gobierno triestamental. Sabemos que actualmente existe desconfianza y temor en un porcentaje importante de trabajadores, en cuanto a manifestar discrepancias con las autoridades que son también académicos. Por esto es que buena parte de nuestros esfuerzos han estado puestos en construir confianzas con los demás trabajadores y estudiantes, siendo la base de esta confianza el apoyo a las demandas triestamentales que se ve reflejado en nuestra adhesión al petitorio de negociación colectiva de los sindicatos 1 y 3 y al continuo esfuerzo en la generación de instancias triestamentales.

Por otro lado, no todos los docentes participan actualmente en las votaciones de autoridades. Existe un número importante, y en crecimiento, de docentes contratados en condiciones de profesores que trabajan a honorarios o bajo la modalidad de contrato a plazo fijo. Aunque nuestra premisa es que estos docentes deben pasar a la planta indefinida y gozar de todos los resguardos y beneficios que ello implica, tenemos conciencia que es una realidad que está lejos de desaparecer dada la creciente necesidad de impartir docencia a un número creciente de estudiantes en carreras competitivas en el mercado (algunas carreras aumentan su demanda y otras tienden a desaparecer por bajas postulaciones dada la des-regulación neoliberal). Ante ese escenario, un gesto hacia la democracia sería permitir que estos docentes pudiesen participar en las votaciones de autoridades y en la toma de decisiones en sus respectivos departamentos, facultades o escuelas.

Otra cuestión importante tiene que ver con el sentido de reparación histórica que tendría la concreción de un gobierno triestamental. El proceso de reforma universitaria de los años 60-70, que se cristalizó en el cogobierno universitario, la reforma de estatutos y cambios en la estructura académica (institutos centrales y universidad científica no profesionalizante) fue interrumpido por el golpe militar y la contra-reforma, heredando los actuales estatutos y estructura. Al igual que lo que ocurre con la constitución, no se ha revisado seriamente la pertinencia de los estatutos de la corporación, en pos de permitir la participación triestamental. En este aspecto, hemos discutido sobre la estructura orgánica de la corporación y se ha planteado que la posición de la rectoría presidiendo el consejo académico, el directorio y la junta de socios no asegura la toma de decisiones autónomas por parte de los órganos que dirigen el actuar y destino de la corporación. Sería saludable entonces plantear una discusión abierta sobre este tema, para convivir en acuerdo con el deber ser de una institución moderna, transversal y democrática.

Por estos motivos (y probablemente otros), la generación de fuerza mancomunada entre trabajadores y estudiantes para abrir caminos que permitan la triestamentalidad es de vital importancia. En el actual escenario, se hace urgente sensibilizar a la comunidad universitaria utilizando las herramientas de la discusión franca y abierta, con tal de definir y concretar la universidad y sociedad que queremos para todas y todos.

 

Marcelo González Ortiz

Presidente Asociación de Académicos y Académicas

Enrique Molina Garmendia – UdeC